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Alcanzamos por fin la Victoria? (it is turtles all the way down)

Alcanzamos por fin LA VICTORIA?
"it is turtles all the way down"

Ricardo Caballero

30 de diciembre de 1999 fecha en que la bandera de los Estados Unidos de América fue arriada de una de las astas frente al edificio de la Administración del Canal para dejar en solitario a nuestra tricolor, para siempre. "Un solo territorio y una sola bandera" pasó de ser solo un eslogan de muchos años  a una realidad ineludible para los panameños.

Después de casi un siglo de ocupación y tras años de  luchas, cuyos últimos protagonistas habían sido los mártires del 9 de enero de 1964 y el General Torrijos, el canal y la zona pasaban a nuestras manos. Para algunos, los mártires significaron la gota que había colmado el vaso de las ansías de justicia y Torrijos la figura, aunque cuestionable por muchos, quien  culminaría la lucha que al sellarla con los tratados de 1977.

Recuerdo muy bien ese día. Un gran reloj descontaba los últimos minutos que le quedaba a la presencia norteamericana en el istmo, y a la existencia de la Zona del Canal. También desaparecía la Comisión del Canal de Panamá, la entidad creada para allanar el camino hacia la transición y cuyos empleados eran, hacia el fin del milenio, casi en su totalidad, panameños. 

De todas las direcciones la gente se apresuraba a llegar al edificio de la Administración para presenciar el tan esperado momento.

Yo también corría, aunque a medida que  el Admin Building se erguía cada vez más enorme  ante mis ojos, bajé el ritmo. A pesar de lo solemne del momento, a pesar de el sentimiento de triunfo que me embargaba, algo, no sé exactamente qué, me hizo reflexionar mientras disminuía el paso.

Me detuve por completo a contemplar el edificio. Su majestuosa arquitectura, sus enormes ventanas, su imponente presencia parecían hablar de una historia distinta a la nuestra. De una historia muy norteamericana.

  Miré a mi alrededor y  reconocí a algunas figuras de la vida pública panameña. Pude distinguir al ya desaparecido Rigoberto Paredes rodeado de un no tan pequeño grupo de seguidores. Como él, habían otros más cuyos nombres no recuerdo. Todos llenos de júbilo. Todos apurados.

Me pregunté: Cuánto conocían de la historia de la construcción del canal todas esas personas? Sabrían quiénes habían sido siquiera personalidades como Teddy Roosevelt, Gaillard, Goethals, Stevens, o John Constantine, ( el primer Práctico del Canal)? No lo sé. Yo prendí de quienes habían sido ellos luego de haber sido seleccionado para el programa de adiestramiento para Prácticos en 1994. Así que dudo que lo supieran. No era NUESTRA historia, cierto? O tal vez sí, solo que era una parte negada de nuestra historia. 

Ahí, cual estatua, seguí inmóvil, pensando. Hasta que una sola pregunta, una sola, surgió en mi cabeza: Gracias a qué o a quién Panamá tenía un canal?

No soy historiador, así que solo me quedó hacer un ejercicio cronológico muy personal. Un ejercicio que me ayudó a confirmar que ningún evento es aislado. Ningún logro, colectivo o personal, es exclusivamente propio. 

Así pues, recordé cuando el 7 de Septiembre de 1977 vi por televisión el histórico momento en el que el General Torrijos y el Presidente Carter finalmente firmaban el tratado que devolvía la Zona, con todo y canal, a nuestro pueblo, a nuestro país. Luego de la firma algunos conocidos bromeaban  diciendo que Jimmy Carter había sido el mejor Presidente que Panamá había alguna vez tenido.

 Me pregunté entonces qué habría sucedido de haberse materializado la reversión antes de el golpe de Estado de 1968? ¿O antes del 1964? En mi caso, ¿sería yo Práctico del Canal?

Mi cabeza se fue a la secundaria cuando me hablaron de los mártires del 9 de Enero. 21 jóvenes muy valientes, o inocentes y apasionados, que murieron para que el Coloso del Norte considerara que existía la necesidad de hacer ajustes a sus relaciones con Panamá. En esos días traté de comprender por qué son los jóvenes quienes generalmente están dispuesto a exigir que reivindique lo que está mal. Los calificaron de nacionalistas, yo los considero patriotas. 

Yo seguía físicamente inmóvil, pero mi mente continuaba uniendo puntos hacia el pasado. Pensé de inmediato en el éxito obtenido por los Estadounidenses, en llevar a cabo y concluir la magnífica obra que es el Canal de Panamá. También en el esfuerzo y legado de los Franceses.

 Pensé en que el éxito de la obra había sido a costa de el éxodo forzado de miles y miles de personas que habitaban las áreas en donde se construiría el canal.  Personas cuya historia fue borrada para que los norteamericanos escribieran en letras dorada la propia. Pueblos enteros que desaparecieron y cuya historias fueron borradas. 

Sin embargo y a pesar de ello , si el canal no hubiese sido construido en nuestra patria, qué tipo de país seríamos? ¿Qué habría sido de las tierras en que se construyó? Ganadería extensiva, monocultivismo, minería, o botín de desarrolladores de bienes raíces? Nunca lo sabremos. 

Para 1979, con la entrada en vigencia de los tratados Torrijos-Carter, se iniciaba otro éxodo, el de los norteamericanos que habitaban en la franja canalera. La historia parecía girar en espiral. En una espiral inversa. Era el turno de ellos irse.


Seguí mi recorrido cronológico y no pude pasar por alto que un tratado, firmado abordo de un buque norteamericano, el Wisconsin, había dado punto final a la Guerra de los Mil días cuando  aún éramos un departamento de Colombia.  

Seguí mi viaje mental hacia el pasado, más atrás en el tiempo,, cuando en norteamérica se había forjado la nación que se convertiría en una potencia mundial, y que por sus ansias de expansión, encontraría en nuestro angosto istmo la mejor ruta para conectar sus propias costas. 

No me quise  detener en otros eventos por evitar postergar el intento y fracaso, (fracaso?) de los franceses por construir un canal.  Que el obstinado De Lesseps haya obviado importantes detalles solo sirvió para quienes le siguieran no cometieran los mismos errores.

Decidí avanzar. La muchedumbre me hacía avanzar. Y mientras avanzaba, también lo hacía mi cabeza en el tiempo. En reversa.

Me topé con ese héroe ( o villano) acreditado como el  "descubridor del Mar del Sur," Vasco Núñez de Balboa. Un descubrimiento para los Europeos, pues los nativos de entonces de lo que se llama hoy día  América, sabían de su existencia quien sabe desde cuando. Lo que no sabían era del impacto que tendría sobre el futuro del comercio mundial, y menos aún que serían reducidos a "minorías."

Pensé en la mente aguda de Carlos V al ordenar que se buscase una ruta a través del Istmo para conectar los dos océanos y así hacerse con el oro del Imperio Inca. Todo un visionario.

¿Y qué de Cristóbal Colón y todos los "conquistadores/colonizadores"? ¿Qué de los reyes Católicos y la confianza depositada en este aventurero? La ambición manifiesta del imperio Español. Una causa, aunque distante, pienso yo, de por qué tenemos un canal.

Me di cuenta que nunca terminaría mi recorrido hacia el pasado sin desvincular causas con efectos, o efectos con causas, en una telaraña de personajes y hechos, que aunque lejanos en el tiempo y aparentemente desvinculados unos con otros, parecían conectarse. Todo para que tuviésemos un canal.

Me di cuenta, además, que ese ejercicio me llevaría por un sendero de regresión el cual no tenía la capacidad de manejar.

Me dije " no sigas", "It is turtles all the way down". Una antigua expresión que se derivó de la creencia mitológica en la que la tierra se creía plana y que  descansaba  sobre una inmensa tortuga. Si se preguntaba qué soportaba a esta tortuga, se decía que lo hacía otra gran tortuga. Y así esta descansaba sobre otra, y ésta sobre otra, hasta el infinito. 

El canal, de alguna manera, parece descansar sobre muchas tortugas, una sobre otra. Cada una con sus sucesos y personajes. Conectadas en sus historias.

 De hecho la historia de la humanidad es como una gran telaraña que se teje desde su centro, el pasado, hacia sus bordes, el presente, y se sigue extendiendo hacia el futuro, hacia los bordes, pero sin desconectarse del centro.

Volví a apretar el paso. Mi regresión no tenía sentido. Era un momento que no debía no necesitaba desperdiciar en reflexiones vacías. Celebraría como todos los demás. Cualquiera que haya sido la causa principal de que ese día tuviéramos  un canal, no me arruinaría el momento. Valía mucho la pena estar ahí para ver como el reloj marcaba puros ceros. El canal ahora SÍ era de Panamá. Aunque me quedaba claro de que ese canal, nuestro canal, era el resultado de la gestión, acción, ideas y mucho más, de TODA la humanidad. Incluyendo, por supuesto,  a nuestros jóvenes mártires.

De cualquier forma, y para NUESTRA historia, sí, sí alcanzamos por fin la Victoria.

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